
Mi padre murió esta mañana, a las 9,30, con su esposa Erna, sus hijos, su nieta mayor y las lágrimas de la doctora y enfermeras de FUSAT que le decían "don José Darío", por su sonrisa amable hasta el último respiro.
Miró a lo alto y expiró, mientras le dábamos masajes, besos, le agradecíamos su amor y le rezábamos las oraciones antiguas que acunaron nuestra infancia.
Murió un hombre amable, un padre diligente, un cristiano, un demócrata, un hijo de minero que con esfuerzo fue técnico universitario, el señor del Barrio Estación que cobijaba a los vagabundos y sin techo en su casa, el jardinero de las plantas siempre verdes, el de cien perros y gatos, el que se detenía a saludar y conversar con pobres y ricos, el que crió a primos, cuido a la abuela y la tía, el de la familia infinita, el de la casa como plaza pública, el celeste que soñó con una estrella para O´Higgins y se las dejó como meta a los nietos, el lector de El Quijote, el pañolero por cuarenta años de la maestranza de El Teniente, el hombre de los pulmones duros de polvo mineral, el que nos dijo nunca robarás ni golpearás a nadie, el hombre de las caminatas por los cerros y la pesca en Pichilemu, el que recitaba a Oscar Castro y anduvo en una Lambreta, el presidente del Basketball y recreador de la Brigada de Scouts de Sewell, el hombre que deliró por los trabajadores, su familia, su patria y su provincia.
Los viejos scouts llegaron marchando a su vigilia, los sindicatos con saludos, los amigos del barrio a llorar, las nueras a besarlo, los nietos a susurrarle cariños, sus curas amigos a bencirlo en nombre del Señor de la Vida, nuestro Cristo.
Este viernes 17, abril, otoño en el valle que amo, lo depedimos a las cuatro en la Catedral, con el Obispo Goic, el Padre Ernesto, en su catedral de plegarias y comuniones. Lo dejaremos en la tierra en el Jardín las Flores, desde donde se mira la cordillera con la ciudad de Sewell, y más allá de la nieves eternas, el azul profundo de los que miraron a lo alto.


Espero que el cariño de tu familia te ayude a superar este momento tan doloroso. Des de la otra parte del mundo, cuenta también con el nuestro.
Un beso