
Era un simple viaje por los cerros de Pichilemu, desde Punta de Lobos hasta Pueblo de Viudas. Por un camino de tierra gredosa, con el sol oblicuo de la mañana dibujando las arboledas de pinos en los campos silentes de trigo, apareció un breque, esos pequeños coches celestes tirados por un caballo que se popularizaron en el balneario creado por Agustìn Rosss a comienzos del siglo XX. El tren llegaba hasta el Alto de la cordillera de la costa y desde allì, los breques transportaban a los veraneantes hasta las playas del pacìfico.
Lo detuvimos y Pablo Cornejo, el hombre
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