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Adiós al Municipio o la Fecundidad de una Red de Gobierno Local

Adiós al Municipio o la Fecundidad de una Red de Gobierno Local

Esteban Valenzuela Van Treek∗
Periodista , Magister en Ciencia Política UC
Ex alcalde de Rancagua, Master en Desarrollo, Universidad de Wisconsin-Madison.

Escrito a fines de 1996, este trabajo se plantea como reflexión, desde la experiencia municipal de
Rancagua, en torno a una forma de ampliar la gobernabilidad en el territorio a través de alianzas en un
contexto centralista como el chileno.

Los territorios locales necesitan un gobierno efectivo y que el sentido de su acción esté influido por la comunidad, especialmente en función del desarrollo de las capas más marginadas. Por tanto, se produce un doble desafío: lograr superar los límites de los municipios haciendo que los mismos encabecen redes de gobierno con otras instituciones públicas y de la sociedad civil, y a su vez, lograr que la comunidad organizada pueda influir en esas decisiones, evitando que las orientaciones apunten sólo a los intereses de los grupos más poderosos que tienen mayor influencia en las “decisiones de gobierno”. De estos temas nos ocuparemos a partir de nuestra experiencia en el gobierno comunal de Rancagua. Lo hacemos estimulados por las conversaciones y trabajos con Lucy Winchester y Alfredo Rodríguez, en los cuales precisan acertadamente que, para producir desarrollo en un territorio, la “capacidad de gobierno” pasa necesariamente por una trama de interacciones entre entes públicos, la sociedad civil y las fuerzas del mercado. Nadie gobierna monopólicamente los territorios y, en verdad, desconocemos dónde radica el poder en la ciudad. Utopía falsa pretender que los gobiernos locales ostentan el monopolio del plan y del desarrollo comunal. Por eso decimos “Adiós al municipio tradicional” y lo proponemos (o describimos nuestra experiencia) como el facilitador de un red de gobierno fecundo que construya “gobierno”, porque —como ya lo decía Maquiavelo a propósito del Príncipe— el gobernante tiene poder cuando puede influir sobre el azar y hacer su voluntad. La ciudad y la comuna son un mundo azaroso de poderes con valores, contradicciones y estímulos a veces caóticos. Y el punto es gozar ese caos y dar un orden, una dirección, donde el desarrollo apunte en un camino utópico de ciudad más amable y solidaria.

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